El 16 de Agosto desde el Escenario

“Prefiero entretener y esperar que la gente haya aprendido algo, que educar gente y esperar que se hayan entretenido”

-Walt Disney

Durante toda mi vida escolar, tanto como alumna como profesora, el día del niño lo viví como público. Como alumna, para mí y para todos mis contemporáneos era el día más esperado y divertido, no habían clases, jugábamos, habían actividades diferentes y normalmente nos íbamos mas temprano a casa. Era posiblemente el mejor día del año. Y como profesora, era un día menos pesado donde la energía de los niños está siendo encausada en algo que muy obviamente les gusta mas que estar sentados en silencio escribiendo en cuadernos doble raya.

Para la persona que lo vive en el escenario (y detrás de él) la experiencia es radicalmente distinta.

Esta vez fue un día esperado, pero temido. Sería la primera vez que iba a tener un día tan maratónico y desafiante, iba a ser divertido, pero este año definitivamente no iba a llegar mas temprano a casa.

La preparación para el “día D” terminó a las 12 de la noche del día anterior y comenzó a las 6 a.m. del día en cuestión con el ritual matutino para juntar energías: yoga, un café a prueba de balas y el tocino con huevos. Y ya estábamos sobre Madame Lynch zigzagueando entre transganados para llegar a nuestro destino.

En el camino en mi cabeza sonaba sin parar tic, tac, tic, tac, siendo el perfecto complemento del mago, imitando al conejo blanco de Alicia en el país de las maravillas pensando: “¡vamos a llegar tarde! ¡Vamos a llegar tarde!”

Gracias a la planificación y a los otros dotes mágicos de Dante (que consisten en emular a Toretto, por ejemplo), llegamos a tiempo. Y en el Apostólico San José nos esperaba una enorme audiencia de 300 niños ansiosos porque empiece el show.  Fue un show genial donde los niños nos llenaron de energía como ningún café pudo, para continuar con los otros tres shows a los que teníamos que ir, incluyendo otro en el mismo lugar con otro turno y dos en puntos distintos y distantes en el interior del país.

Nuestra segunda parada fue Paraguarí. Actualizando por un lado el Waze y por otro Google Maps, iniciamos la travesía a Paraguarí, donde teníamos que estar empezando el show a las 10:30 a.m. para toda la escuela San Roque González. Mi conejo interno se activaba, pero a la vez disfrutábamos de los paisajes a nuestro alrededor.

Si Paraguarí hubiese sido una batalla, hubiéramos estado totalmente rodeados por el enemigo y yo no estaría escribiendo esto. Como el show era para todos y eran tantos,  todos intentaron estar cerca, al punto de hacer que el escenario de Dante mida 30 centímetros de diámetro alrededor de él y su caja de magia. Había tanta gente a su alrededor, que se improvisaron unos patovicas adolescentes para resguardar su seguridad y  la de su magia. En este show Dante se enfrentó al enorme desafío de no tener que pisar a nadie, difícil tarea para un hombre que calza 75.

En un punto del show, noto que el sonido aparenta estar muy bajo, extraño siendo que tenemos un bafle gigantesco que haría temblar a tu vecino reggaetonero. Al acercarme a ver qué pasó, veo a 3 niños prácticamente adheridos al bafle tratando de ver el show, no se si no se quedaron sordos por la adrenalina, por la alegría o porque Dante tiene una magia mucho mas poderosa de la que me contó.

Este show, a pesar de la emboscada que vivimos, que fue más simpática que desesperante (pero si fue un poquito desesperante), fue maravilloso, lleno de risas, aplausos y varias folclóricas expresiones de asombro.

Al terminar, pudimos hacer una breve parada en la legendaria Frutería de Paraguarí para recargar fuerzas y bajar unas cuantas revoluciones. El descanso fue breve ya que en una hora y media teníamos que volver a nuestra primera parada, el Apostólico San José, para un segundo round.

A pesar de que ese día aprendimos que sobre Acceso Sur se concentra la mitad de la población de la región oriental, volvimos a llegar a tiempo por la gracia de David Copperfield.

Esta vez nos esperaban solamente 150 niños pequeñitos y totalmente llenos de energía pidiendo por Dante, pensé que probablemente así se siente Justin Bieber, con la diferencia de que Dante tiene talento.

Por la baja adrenalínica después de armar el show a la velocidad de la luz, o al menos del sonido, decidí sentarme con el público y disfrutar del show. No sé si fue por el amor que le tengo al mago en cuestión, por la calidad de la magia o por las pocas facultades mentales que me restaban en esa siesta pero disfruté y me reí olvidando que esta vez sería, probablemente, la vez número 238 que presenciaba el show de chicos Sim Sala Bim.

Terminamos el show a las 15hs y el siguiente sería a las 18hs. Uno pensaría que daría tiempo de dormir una siesta o parar a oler las flores, pero el siguiente show era el ya tradicional día del niño gratuito en Minuto 79, Itá.

En el camino creo que alcancé el nirvana de tanta paz mental que tuve que cultivar al soportar irnos a 20 km/h en fila india por ruta 1.

Aunque “show gratuito” puede sugerir que posiblemente haya muchas personas, jamás hubiera imaginado la magnitud. Nos encontramos con un local abarrotado de gente. Por suerte, el guardia del local nos encontró rápido y nos hizo estacionar, literalmente, en la entrada del local, donde alzó la caja de magia como si  pesara 100 gramos, abriéndonos paso entre la multitud.

Al vernos llegar, el presentador ya comienza a anunciar el show de magia que estaba por empezar, aumentando el nivel de ansiedad para todos los presentes, incluyéndonos. Al subir al escenario, Dante es recibido por fuegos artificiales y un escenario rodeado de bomberos haciendo de valla humana, si en los shows anteriores ya nos sentimos rockstars, en este nos sentimos los Beatles. Son momentos como estos los que te hacen pensar, ¿por qué tenemos un Fun Cargo y no un helicóptero?

El show fue breve e intenso. Coronando la noche presenciando el show del Michael Jackson paraguayo que aparecieron como mamushkas, presentando al mas pequeño y a otro mas pequeño aún.

Ya sin responsabilidades encima y con la adrenalina haciéndonos el favor de mantenernos vivos, finalmente llegamos a Asunción satisfechos y pensando en las mil historias nuevas que nos dejó ese día.  Aunque en esta edición del día del niño no recibí ningún regalo y no me dejaron subirme al globo loco, me divertí como niña y me estresé como adulta, haciendo de este el día del niño más memorable de mi historia (por ahora).

 

 

 

 

 

 

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